miércoles 2 de septiembre de 2009

Deberíamos estar prohibidas

Con mi life break en pleno apogeo todo el vacío que iba quedando de mis anteriores amigas fue llenado y rebasado por O' y Daniella. Los grandes proyectos vitales de ruptura son siempre grandes empresas llevadas a cabo por una persona que está hasta los cojones que necesita ir llenando los huecos que va dejando vacíos. No es fácil cambiar de vida. Nunca.

Por ello debes armarte de valor y sobretodo no mirar nunca atrás. Las cosas que cambias se reordenan solas. Todo encuentra un nuevo lugar de una forma imprevisible y las prioridades cambian y se reordenan. En pleno proceso de autodestrucción recibí una llamada, era otoño de 2005, meses después de mi vuelta de Dublín y el segundo curso de universidad había empezado hace pocas semanas. Mis horarios me permitían darme un lujo o dos así que cuando al otro lado del teléfono se me convocó para personarme en un bar junto con Olga y Daniella no dudé. Era míercoles y las cervezas se prolongaron durante la tarde de aquel día, dando paso a los vodka-sprite en la madrugada del jueves.

Esto se repitió durante los miércoles sucesivos durante muchos meses hasta que llegamos a ser grandes amigas. No echaba para nada de menos mi anterior vida. Ya estaba de nuevo puesta en vereda, los meses íban pasando, los cascos de las botellas se iban acumulando y los jóvenes que nos íbamos cepillando también pasaban sin pena ni gloria, en mi recién descubierta sexualidad. Me lo pasé francamente bien, la universidad nunca fue un tema de excesiva preocupación para mí y me limitaba a salir de una fiesta para entrar a otra. A estos tiempos me refiero cuando digo la frase del “Con lo que hemos sido...” Es esta etapa una de las que recuerdo con más cariño, la etapa en la que la juventud se vive con todas sus plenitud. Sin consecuencias, sin resacas y sin importar nada más de lo que verdaderamente importa.

sábado 29 de agosto de 2009

De cómo Dublín cambió mi vida

Pocos días después de llegar a Dublín el verdadero propietario de la casa en que estábamos nos dijo que o pagábamos un alquier como todo hijo de vecino o que nos invitaba a ir abandonando el inmueble ¿Qué hacemos? El alquiler nos suponía un gasto tremendo y sobre todo atarnos demasiado a aquella ciudad en la que no sabíamos cuánto tiempo íbamos a permanecer. Yo no tenía trabajo, ni lo llegué a tener, por lo que la idea no era buena.

Como lo de ser una homeless no entraba en mis planes decidimos buscar un típico Bed & Breakfast que nos saliera barato y en el que conocer gente. Pedían cantidades ingentes de euros por lo que tuviemos que rebajar el nivel hasta lo más bajo. Una habitación compartida en un hostel junto con más de diez personas. Yo en aquellos tiempos era una joven princesa venida a más y la idea me escandalizó. Me escandalizó hasta tal punto que descubrí que era exactamente lo que teníamos que hacer. Era tan radical, tan diferente y tan, por qué no decirlo, super fuerte, que junto al grito del “¡Qué diablos, hagámoslo!” lo hicimos.

Esto supuso un gran cambio de rumbo. Mis días pasaban buscando un trabajo que no llegaba, vagando por las calles, tomándome mokas junto a las babysitters y gentes ociosas en el St. Stephen's Green y dándome cuenta de lo tonta que era. De lo tonta que era por cómo vivía, por las cosas que eran tan relevantes para mí y sobre todo por mi sistema de valores. Estaba sola en una ciudad, tenía que cubrir yo misma todas mis necesidades y sobre todo administrar un cocepto hasta entonces desconocido para mí, el dinero. Por las mañanas me dedicaba a pasearme con mi carpeta de CV´s debajo del brazo, a ir a Museos o a escuchar los últimos éxitos del pop internacional en la Dublin 104. Por las tardes estaba con mi amiga disfrutando de la ciudad y por las noches nos bebíamos nuestro peso en pintas.

Conocí gente de todos los países (incluso de algunos que no sabía ni que existían) Aprendí muchísimo inglés a base de tener que decir lo que quería para poder comer, moverme o simplemente existir y descubrí que podía comerme el mundo si me lo proponía. Fue el descubrimiento de mis propias capacidades lo que me llevó a dar mi propio cambio radical en cuanto volví a Madrid. Rompí con todo y con todos, mandé a paseo a mis anteriores amistades y dejé mi propia estupidez guardada en una cajita para futuras consultas.

Estuve durante unos días en estado de shock. Cuando volví y estaba sola en mi habitación no podía creérmelo. No podía encajar todo lo que había pasado y sobre todo no sabía cómo aquel viaje iba a cambiarme. Se dice que si al hacer un viaje vuelves igual que te fuiste ese viaje no ha sido realmente bueno y yo puedo decir que en ese viaje dejé de ser una niña para convertirme en una mujer. Volví con una mano delante y otra detrás pero con una experiencia que cambió mi manera de ver el mundo.

lunes 17 de agosto de 2009

Intermezzo

Acabé el colegio y empecé la universidad. Tuve ciertos delirios de grandeza que no hicieron más que alimentar mi necesidad de vivir algo más, de ver mundo más allá de mis narices, de sacarme el pasaporte y ser una expatriada. En el verano intermedio entre el colegio y la universidad no pude caer en un grupo menos agraciado y me sumí en una vorágine alcoholico-emocional de la que no sabía salir.

Mis amigas me miraban como si me estuviera volviendo loca al alegar que no estaba satisfecha. Mis compañeras de universidad me miraban como si hubiera perdido el manual de la perfecta turistóloga en algún monumento megalítico. Yo me miraba y no sabía lo que veía. Veía un borrón en mi reflejo, no sabía ni quien era ni lo que quería. Supongo que la propia identidad se logra después de una serie de experiencias y de adquirir ciertos conocimientos que a mí francamente me faltaban. A día de hoy me faltan pero creo que tengo un croquis bastante bien hecho de lo que va el asunto. Cuando tienes una sensación hacia tí misma de tal confusión puedes hacer dos cosas: sentarte y ver qué pasa o forzar la situación para obtener respuestas.

Elegí esta segunda y no ví otro modo mejor de llevar a cabo mi empresa que cambiar de aires. Abandonar el nido materno por una temporada y volar sobre la corriente atlántica. Alejarme de tanta estupidez supina y ver cómo era el mundo, aunque fuera otro diferente al mío. Descubrir mis propios sentimientos y saber qué puedo esperar de mi misma, un básico ¿No os parece?

A día de hoy estos meses me parecen super lejanos. Me parece incluso como si estuviera hablando de la vida de otra persona y ¡Sólo han pasado cuatro años! ¿Por qué los recuerdos se vuelven tan borrosos que no puedes sino intentar hacer una recreación inexacta de lo que pasó? Maldita memoria, me gustaría tener una grabadora mental a la que pudiera enchufarme mediante un cable USB reproduciendo los pensamientos de un día determinado ¿Qué estaba pensando el 2 de marzo de 1999 a las 12:55? Imposible. Lo único que se puede hacer para que el recuerdo no muera en una hecatombe intelectual es retratarlo ya sea con una imagen o con palabras, como intento hacer.

viernes 14 de agosto de 2009

Baile Átha Cliath

Who's that girl?! Eso deberieron decirse los lugareños cuando llegué a un aeropuerto que no tiene más nombre que el topónimo al que brinda conexiones. Un gran trébol daba la bienvenida a las viajeras más variopintas, mucho hippie, mucho pijo de flequillo filete y sólo una yo. Nos aferrábamos a nuestros bolsos de tela, Carolina Herrera o charol respectivamente esperando a que algo ocurriera. Welcome tu Dublin airport rezaba la megafonía que sobresalía sobre una canción que tiempo después descubiría en un lugar llamado Turk's Head que se llama Seven Nation Army, de un grupo que no es ni Irish ni British ni nada bueno.

Viajamos pues a Dublín, yo y una compañera de la universidad. Ella tenía un trabajo y yo muchas ganas de dejarlo todo atrás y vivir una experiencia realmente orgánica. Fue una decisión impulsiva, muy poco meditada e incluso temeraria, por tanto con dieciocho primaveras fue una decisión óptima y muy acertada. Llegamos a la casa de una amiga suya francamente insoportable, agotadas y asadas de calor (quien coño me lo iba a decir) Estaba como en estado de shock. Dibujaba en mi mente un mapa de la UE y trazaba una línea de puntitos entre Madrid y Dublín y no me lo podía creer. Estoy en otro país, no hablo ni potato de inglés, la gente es pelirroja y desayunan beans ¿Qué es esto?

Mi primera mañana en Dublín fue de impacto. Me levanté y comprobé que estaba sola. La arrendadora era niñera y mi amiga trabajaba en una tienda de sándwiches por lo que a las diez de la mañana la casa estaba desolada. Abrí las ventana y miré al cielo, era 11 de julio y teníamos una temperatura de 20 grados y un precioso cielo gris. Así sí, esto es Irlanda. Me duché y me puse lo primero que pillé, siendo hábil a la hora de escoger prendas multiestacionales, puesto que presumía que aquel era un clima inestable. Salí de casa. Eran los primeros pasos de una nueva vida en un nuevo entorno que me era hostil, por tanto decir que estaba excitada es decir poco. Primer contacto con un lugareño: One Ticket. Fácil, conciso y las puertas al centro de la ciudad, esto es Tara Street.

Los prejuicios que tenía sobre esa ciudad se fueron desplomando poco a poco. Las calles estaban abarrotadas de gente de lo más variada. Razas, colores y tonalidades capilares desconocidas. Siempre he dicho que los irlandeses suplen el color del clima con los colores en su ropa. La gente iba vestida de rojo, amarillo, azul... Anduve por las calles buscando algo para hacer, algún lugar donde entrar o alguien con quien no hablar, porque no sabía. Decidí no ser demasiado audaz por ser el primer día y caminé por la orilla norte del Liffey hasta los muelles al este de la ciudad, que estaba más bien lejos pero un espíritu aventurero me embargaba. Me encendí un cigarro con la vista perdida entre las grúas, mi vida debía dar un giro de trescientos sesenta grados.

martes 11 de agosto de 2009

Compañías equivocadas

Mi amistad con Olga (véase post anterior) no floreció hasta tiempo después de habernos conocido, creo que ya lo había comentado. Cuando para mí aún era la desagradable del manguito yo tenía otras amigas. Divertidas de acuerdo a lo establecido y superficiales en extremo. Eran de esa clase de chicas que, como dice mi venerable Madre, se la cogen con papel de fumar.

Acaba de comenzar la universidad, estaba en un proceso explosivo de mi potencial y entonces ví, sencillamente, que la gente que tenía a mi alrededor no me acompañaba. En aquellos grandes años era poseedora de la fuerza de mil ejércitos y no podía permitirme tener amistades mediocres, suena fuerte, es fuerte. Pensé un plan de huída rápido, sin pies ni cabeza y que daría mucho que hablar. Siempre he creído que hay amistades que es mejor no conservar, por mucho que duela y por los motivos que sea. Si no estás cómoda con alguien ¿Qué necesidad hay de mantenerlo junto a tí? Y la mejor forma que había para quitármelos de encima era yéndome. Cuando además se supone que estas personas que empiezan a "sobrar" son tus amigos con mucha más razón. Los amigos deben ser pozos de paz para el espítu de una. Si no lo son y nada más que valen para dar por saco hay que poner un punto y a parte.

La universidad me estaba asfixiando poco a poco. Estaba segura de que aquello verdaderamente no era lo mío. Veía gente super motivada, super vocacional. Yo estaba allí por estar y esto me hizo replantearme cosas como continuar con la carrera o abandonarla. Cuando salía de aquella vorágine de sentimientos y confusión buscaba el apoyo en unas amigas que no sabían utilizar la oraciones subordinadas, de ningún tipo ¿A quien coño tengo yo para contarle que mi vida es una mierda? Desde ese momento decidí que no podía depender de una persona para expulsar mi verborrea y escribir fue una auténtica via de escape. Los escritos de aquellos tiempos están llenos de rencor y mal chi así que tiempo después preferí guardarlos bajo llave y que no vieran la luz, son por tanto los blogs apócrifos de Katrina. Siento que si leo algo que escribí en un momento determinado rememoraré aquel momento y no quiero volver a sacar esos sentimientos, no son positivos, ni para mí ni para nadie. Es curioso como puede marcar tu caracter y humor las personas que tengas a tu alrededor.

Estaba por tanto en lo que comúnmente se denomina una crisis existencial ¿Qué hago yo en el mundo? ¿Cuales son mis metas? ¿Zapato alto o manoletina? Cuando esto ocurre, según mis teorías debes tener una experiencia que te desvele qué es lo importante, qué tienes que conservar y qué no. Una vivencia, sea visitar un lugar, conocer a alguien o vivir una aventura a través de los siete mares que te diga: Lo estás haciendo como el culo, chata.

Así que, con las mismas, el 10 de Julio de 2005 me puse el mundo por montera y me subí a un avión dispuesta a cambiar mi vida, pero eso será en el próximo episodio.

lunes 10 de agosto de 2009

De cómo conocí a O'

Una retrospectiva de mi vida estaría francamente inacabada sin contar cómo conocí a Olga. He tenido que pararme y pensar durante un rato extrañamente largo en cómo nos habíamos conocido. Es tanto tiempo que me cuesta remontarme a aquel entonces. En aquella etapa yo estaba super enganchada a Internet, empecé a hacer mis pinitos con los blogs (básicamente de chorradas) y los chats eran un entretenimiento que además de muy de moda me gustaban mucho.

A través de un chat conocí a Daniella. Una chica de tipo hippy, con una forma de pensar super revolucionaria para mi mundo y que además tenía una conversación de lo más fluída. El tema principal eran las paranoias y supe dar salida con ella a una parte de mi mente que no sabía como expresar. Al cabo de unos meses Daniella y yo, en una de nuestras conversaciones sobre los sistemas feudalistas en la actualidad nos enteramos de que esa noche saldríamos por el mismo barrio ¿Por qué no? Decidimos quedar y conocernos. Fue super traumático, mis amigos se pusieron muy plastas e insoportables y durante otros tantos meses no nos volvimos a ver el pelo.

Y cuando volví a ver su pelo rubio por el centro de Madrid a altas horas de la madrugada de un frío mes de invierno no pude más que alegrarme sinceramente y percatarme de que no iba sola. No. A su lado un personaje de lo más interesante caminaba con la seguridad que requiere un modelito como el que llevaba. Un sombrero de zarina, a lo Tita Cervera, un manguito de piel y mucho strass. Era Olga. No me entró nada bien, ya que la seguridad, o desdén, que tenía no lo rebajó conmigo y fue incluso grosera ¿De qué coño va esta? Pero un par de encuentros más nos hicieron encontrarnos la una la otra.

Como todos los grandes asuntos de la vida de Katrina aquella amistad se forjó en alcohol. Coincidimos otra noche y pudimos evaluar la capacidad de la otra para beber otra copa más cuando el resto del personal apenas podía ya bailar Let´s get retarted, el éxito del momento de los Black Eyed Peas y esto nos hizo un must invite de cualquier fiesta que se preciara. Como si hubiera un cable de fibra de vidrio entre nuestras desequilibradas cabecitas las ideas fluían a la velocidad de luz entre nosotras siendo siempre las más ocurrentes, las más graciosas y las más modernas del lugar.

Si tuviera que describir de alguna forma mi relación con Olga en aquel momento, en el año 0, sería con la palabra liberación. Comprendí que podía hacer, decir, beber y ponerme lo que me diera la realísima gana. La trasgresión se convirtió en norma y aunque Olga siempre ha sido más histriónica, pronto descubrí un estilo personal y único que me identifica. Puede parecer una tontería, pero para una chica con dieciocho años que alguien le de alas para volar de aquella forma es como darle a un niño las llaves de un parque de atracciones. Se le dice simplemente pasa y diviértete. Y tanto que me he divertido con esta hija de perra.

viernes 7 de agosto de 2009

The College

Empecemos por el principio, mi universidad estaba en una zona pija. Era pública (así quise que fuera) pero había muchos más pijos que en otras facultades. En nuestra factultad se impartía derecho, biblioteconomia, informática, ADE y turismo. En un ambiente así lo que más destacaba era el buen fluir del karma por los pasillos. Yo entré un tanto asqueada en la universidad, creo que al matricularme me tocaron detras las más pijas de toda la facultad y doy gracias a Dior por que no tuvieran cutters en las ventanillas porque es posible que hubiera cometido una locura. Pero me sorprendió. Sinceramente me quedé muy impresionada al ver que ahora todo el mundo era diferente y no vestían el mono del partido. Había rastas, hippies, modernos, pijos... y todos ellos conviviendo en paz bajo el mismo techo.

La universidad entre otras cosas me brindó una libertad para hacer lo que quisiera que no tuve hasta ese momento y que tampoco he tenido después. En casa todo el mundo se relajó porque la niña era universitaria y era normal que quisiera salir. Con las mismas empecé a salir desde el jueves sin casi entrar hasta el domingo. Los días que no quería ir a clase tampoco pasaba nada. Todo esto hizo que suspendiera todo como es normal y tuviera que replantearme cambiar mi modo de vida. Bueno, realmente cambiarlo no, sino ajustarlo.

Si alguno aún no lo sabe, yo estudié Turismo y esta carrera me produjo una verdadera crisis existencial. No sabía qué quería estudiar, no sabía qué quería hacer con mi vida, en una palabra no tenía ni puta idea de qué hacer con nada. Turismo. Lo leí, una palabra tan bonita con sus tres sílabas, tan evocadora de la felicidad, “Es el motor de la economía” leía en internet, todo el mundo piensa en turismo y piensa en grandes viajes, conocer gente, abrirse al mundo por delante y por detrás. Fantástico, genial y maravilloso. Venden la moto como nadie, la carrera de Turismo es una fábrica de trabajadores explotados, con salarios por los suelos y una formación inadecuada. Pero en fin, hecha mi protesta la universidad trajo consigo las fiestas, el salir hasta el emanecer y el conocer a un gran amigo que me ha acompañado hasta el día de hoy, Jonhy Walker.

Mi grupo de la universidad era muy curioso. Casi todas éramos chicas (dada la carrera) y en general éramos un grupo de gente que no sabía por qué estaba allí, oíamos campanas y no sabíamos dónde. Había que estudiar algo y nos metimos a lo que mejor se vendió. Teníamos a la rara, a la éxotica-japonesa, a la gordita, a la fumadora de porros compulsiva, a la creativa-ida-de-la-olla y a mí, que no sé lo que era, supongo que la moderna. Así que las seis nos bebíamos hasta el culo de los vasos de txacoli en La Latina, nos inflábamos a cervezas en la pepita de Tribunal y lo dábamos todo bailando en el Destino Gran Vía. Fueron noches muy divertidas que dieron para mucho pero salvo la tendencia a beber hasta perder el sentido teníamos poco en común.

martes 4 de agosto de 2009

Aquellos asquerosos años

Durante mi temprana edad estudiantil siempre fui una inadaptada. Es duro decirlo así, pero es la verdad. No tenía facilidad para hacer amigos y además todo el mundo me caía mal, por lo que yo caía mal a casi todo el mundo por un esquema de reciprocidad que no sé muy bien cómo funciona. La cuestión es que era una niña distraída, despistada, aplicada en lo que me gustaba y con muchísima facilidad para hacer comentarios a destiempo.

Estudiaba en un colegio religioso, muy casposo, e incluso me atrevería a decir de doctrina post-franquista. En un ambiente tan poco evocador tuve que luchar por mantenerme lejos de la limpieza de cerebros, de recibir ideas que no hacían más alimentar el odio hacia lo diferente y de una filosofía anti-todo. Como lo suyo era ir contracorriente yo era un banner propagandístico contrario a aquel régimen. Me bebí el manifiesto comunista y leí todo tipo de literatura subversiva, más que nada para soltar las perlitas que soltaba cuando nadie se lo esperaba. Me junté con las gentes más variopintas que poblaban el colegio y yo creo que incluso éramos el típico grupito nerd que sale en las películas teen americanas. Yo con mis pantalones de cortes indefinidos y camisetas de mi talla distaba mucho de ser lo que soy ahora.

El último año de colegio, cuando yo tenía 17 años la cosa empezó a cambiar. Ya no sentía que aquellas ideas pudieran calarme y sabía perfectamente lo que pensaba. Me había librado de convertirme en una fascista fundamentalista y me sentí profundamente orgullosa de mi misma por ello. Había conseguido superar las influencias para obtener las respuestas por mi misma.

En esta etapa descubrí que no todo es lo que parece y sobre todo que nadie es quien parece. Al terminar el colegio, en ese verano de transicción entre el colegio y la universidad se produjo el destape. Los más beatos fueron desfilando hacia las líneas de la homosexualidad y las más recatadas subastaron su hímen en los servicios de caballeros de discotecas de dudosa reputación.

Yo no sorprendí a nadie ya que era de esas “que apuntan maneras”. Todo el mundo (menos yo) sabía que al salir de allí viviría un auténtico florecer en todos los sentidos y que la libertad universitaria me haría vaciarme los bolsillo del alcanfor recolectado durante años. Así pues, cuando terminé el colegio corté con toda aquella gente, dije basta y no me han vuelto a ver el pelo. Continuará...

domingo 2 de agosto de 2009

Anthology

A veces me paro a pensar en cuántas cosas han ocurrido que no he escrito aquí. De vez en cuando me pongo a releer los post que escribí hace un año o dos y entonces caigo en la cuenta de que nunca escribí sobre cosas que después fueron importantes. A este blog, que inicialmente nació en septiembre de 2007 conseguí añadirle el anterior, es decir que tenemos unos meses más, pero falta mucho. Faltan mis primeros años de universidad, mi super viaje a Dublín y sobre todo y más importante cómo conocí a mis amigas.

No será fácil, no será rápido, pero quiero que esta página sea un soporte para el recuerdo. Para saber cómo he llegado hasta donde estoy, para marcar los puntos clave. Creo además que será muy positivo este flashback para darme cuenta de lo mejor o peor que estoy, para valorar y evaluar mi trayectoria personal.

Ahora mismo estamos en un período de entreguerras, entre un puesto y otro y entre una vida en la casa materna y mi futura vida conyugal, Episodio II. Es por tanto un buen momento para sentarme y reflexionar, para escribir a modo de poema épico mis penas y mis glorias y arrojar luz sobre tantas cosas que quedaron en el tintero. Los próximos días pensaré en cómo organizar tanta información, capitulando mi vida y ofreciéndola en frescas entregas. Espero no ponerme metafísica, suele ocurrirme cuando hablo del pasado. Me pongo super seria y comienzo a relatar en plan “I had a farm in Africa” y no es nada divertido para nadie.

La Antimasa

Ay amigos... ¡Qué dificil es ser raro hoy en día! Y os lo dice una que siempre ha asido la extravagancia por norma. Cuando quieres ser diferente del resto de tus conciudadanos puedes optar por varias cosas: diferenciarte por tu imagen, diferenciarte por tus ideas o diferenciarte por tu modo de vida. Pero cómo ser diferente cuando ya está todo hecho, cuando el 99,9% de las cosas que pensamos ya las ha pensado otro y encima ese 0,1% ¡Ni siquiera lo escribimos!

El primer método, diferenciarte por tu imagen, tiene un problema y ese problema se llama producción en cadena. A no ser que te hagas la ropa tu misma o te la haga alguien exclusivamente para tí, esa camiseta que estás a punto de comprar salió de Blangladesh hace quince días junto a sus diez mil hermanas gemelas y diez mil personas más la tendrán. Por tanto o estás muy puesta en corte y confección o estás montada en el Euro. El segundo camino, las ideas, se cae por su propio peso por ese escalofriante 99,9%. No es que esté todo inventado, es que está todo pensado. El modo de vida se encasilla, empaqueta y se vende al por mayor. Que casi todo el mundo se lleve a casa el mismo no significa que todos no se vendan. Está claro que hay un esquema, tú buscas cual se adapta mejor a tí y te lo llevas. Prêt-à-porter.

Cómo no ser una prostituta del sistema, cómo no caer en lo tópico y en lo típico. Imposible. Es imposible no estar dentro de lo que es normal, porque según dicen por ahí lo normal es lo mentalmente sano ¿Será que los únicos que son verdadaramente diferentes están encerrados en psiquiátricos? Todo el proceso de educación, de sociabilización nos lleva a la homogeneización y esta, salvo pequeñas diferencias, conocidas como el gusto de cada uno, nos lleva a que seamos iguales. Pensamos igual, razonamos igual, sentimos igual. Cada uno se expresa de manera diferente pero no de forma única.

Lo alternativo, lo indie, no son más que nuevos fenómenos de masas. Lo alternativo pierde su esencia simplemente al tener nombre. Yo no soy alternativa, soy Katrinesca (¡Toma ya!) esa sería la verdadera afirmación de lo diferente. La verdadera diferencia es individual y si encontramos a otra persona que sea igual que nosotros ya no somos diferentes, somos iguales en lo peculiar. Creo que este tema me va a dar mucho que pensar en las próximos días.